Fueron los masones los responsables de la Revolución francesa de 1789? En el secreto de sus logias, ¿prepararon un complot para derrocar los tronos y los altares en Francia y en el resto de Europa? Esta idea apareció por primera vez en plena Revolución francesa, en los escritos del abate Jacques-François Lefranc (1739-1792).
En un opúsculo de 1791 titulado El velo levantado para los curiosos, o el secreto de la Revolución revelado con la ayuda de la francmasonería, Lefranc argumentaba que los masones elaboraron un pérfido proyecto social que socavó el régimen absolutista francés. Unos años más tarde, en 1797, el abate Augustin Barruel (1741-1820) desarrolló esta teoría.
Según escribió, la Revolución «ha sido el resultado de un complot, preparado por los filósofos y tramado en las logias». Barruel consideraba que «todo ha sido previsto, meditado, combinado, resuelto, estatuido: todo ha sido preparado y realizado por los únicos hombres que conocían la trama de las conspiraciones urdidas tempranamente en las sociedades secretas y que han sabido escoger y provocar los momentos más propicios para los complots».

Masonería en Burdeos
Masonería en Burdeos
Burdeos fue la sede de una importante logia masónica de Francia conocida como «L'Anglaise», fundada en 1732. En la imagen, la plaza de la Bolsa, en el barrio de Saint-Pierre de la capital de Aquitania.
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Las acusaciones de Lefranc y Barruel reflejan la gran importancia que el movimiento masónico tuvo a lo largo del siglo XVIII. Nacida en Gran Bretaña en 1717, la masonería moderna se extendió por toda Europa, y en particular por Francia, donde en vísperas de la Revolución existían cientos de logias con unos 30.000 miembros.
Aunque había diferencias entre los distintos grupos, era común que los masones estuvieran inspirados por las ideas de tolerancia religiosa y de fraternidad, lo que explica que Lefranc y Barruel los consideraran aliados de «los filósofos», los pensadores ilustrados que desarrollaron las ideasliberales y democráticas que inspirarían la Revolución.
Pero lo que realmente los distinguía era el secretismo que rodeaba sus reuniones, sus sofisticados ritos de iniciación y su gusto por el simbolismo. Fue esto lo que desde muy pronto los hizo sospechosos ante las autoridades y ante la opinión conservadora.

Espada de La Fayette
Espada de La Fayette con símbolos masónicos.
RMN-Grand Palais
Sin embargo ¿los masones se adhirieron a la ideología de la Ilustración o más bien la atacaron? ¿Promovieron los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, de progreso y tolerancia, o bien no hicieron nada de eso? Hoy sabemos que en el siglo XVIII los masones no se distinguieron por su espíritu revolucionario.
Fueron, al contrario, ortodoxos en religión y, sobre todo, leales al poder establecido. En Francia la masonería fue católica, y eso explica la presencia de un nutrido grupo de sacerdotes en la lista de miembros de sus logias.

El secreto de los masones
El secreto de los masones. Obra del abad Perau de 1744 que revelaba el funcionamiento interno de las logias.
Aurimages
Se ha identificado a más de 3.500 eclesiásticos iniciados en la masonería, lo que nos indica que casi el diez por ciento de masones pertenecían a la Iglesia católica. De hecho, un cuantioso grupo de sacerdotes eran venerables maestros de logias, como se llamaba a los presidentes de una corporación masónica. Así ocurría en la logia Amiable, que contaba con 27 clérigos entre sus filas antes del año 1789.
Masones a favor del orden
Los estatutos de todos los talleres masónicos o logias exigían a sus miembros mantener la ortodoxia en cuestiones religiosas y la lealtad en política.
Así se indicaba en el reglamento de la logia Los Amigos Constantes, del Oriente de Tolón: «Los reyes, los soberanos son la imagen de Dios sobre la Tierra, de tal manera que cada hermano tendrá a mucha honra ser un súbdito fiel de su Príncipe; respetará a los magistrados y las leyes, no hablará ni escribirá nada contra el Gobierno y no se discutirá nunca en la logia en torno a los intereses de los soberanos».
Lo mismo se establecía en las logias de Toulouse, Burdeos, Le Mans o Marsella.

Los tres estados
Los tres estados. Un noble, un clérigo y un burgués, que encarnan los tres estados, se estrechan la mano ante un templo con símbolos masones. Óleo por Michel-Nicolas Perseval. 1789. Museo de Bellas Artes, Reims.
Leonard de Selva / ACI
Por lo demás, pese a que la masonería favorecía una relación de igualdad entre sus miembros, con independencia de las diferencias de clase o de rango, lo cierto es que tendía a estar limitada a las clases acomodadas.
Por ejemplo, el estatuto de la logia de Toulouse (1779) establecía que solo podrían afiliarse los que «tuvieran 25 años cumplidos, fueran nobles o militares u oficiales de un tribunal superior». Y añadía que aunque la masonería igualaba todas las condiciones sociales, «se debe esperar más de los hombres que ocupan un estado distinguido en la sociedad que no de un plebeyo».
Por ello, la masonería no fue una fuerza rupturista, sino más bien de integración; ofrecía un espacio de sociabilidad para los hombres rectos, con principios y buenos modales y que trabajaban en profesiones liberales.

Francmasón
Figurita de la prestigiosa fábrica de porcelana alemana Meissen, que representa a un francmasón. Hacia 1743. Museo Nacional, Sevres.
Mary Evans / Scala, FIrenze
El masón francés medio, perteneciente a la alta burguesía o a la nobleza de bajo rango, se consideraba un ciudadano perfecto, defensor de su religión, tolerante, así como virtuoso, juicioso, sociable, benefactor y enemigo de los comportamientos violentos. No ingresaba en la logia para hacer política, y aún menos para conspirar contra la Iglesia o la monarquía, sino para integrarse en la élite social.
Los inicios de la Revolución
Todo ello no impidió que los masones, como ciudadanos particulares, participaran en los asuntos políticos. Como el conjunto de la sociedad francesa, los miembros de las logias tomaron parte en la crisis política que se abrió en el país a mediados de la década de 1780. La pregunta que nos podemos hacer es si esa participación estuvo marcada por su condición de masones y si la masonería jugó un papel concreto en el proceso revolucionario.

Sello de la logia masónica
Sello de la logia masónica La Sinceridad Perfecta, de Marsella. Finales del siglo XVIII. Museo de la Francmasonería, París.
Album
Una primera situación en la que los masones tuvieron ocasión de manifestarse políticamente fue la Asamblea de Notables convocada en 1787 por Charles Alexandre de Calonne, ministro de Hacienda de Luis XVI. Su objetivo era hacer frente a la enorme crisis de deuda que sufría la monarquía, y para aumentar los ingresos del Estado Calonne proponía un nuevo régimen fiscal que suprimía las exenciones fiscales favorables a la aristocracia y el clero.
La mayoría de miembros de la Asamblea eran masones, y, si el principio de igualdad hubiera sido inherente a la masonería, los notables se habrían mostrado favorables al programa de Calonne. Sin embargo, casi todos los miembros de la Asamblea lo rechazaron. Tan solo el duque de Montmorency-Luxembourg, principal dirigente del Gran Oriente de Francia, expresó su aprobación.

Logia masónica
Logia masónica. Salón principal de la logia masónica de Lille, fundada a finales del siglo XIX. La decoración tiene motivos egiptizantes, como las columnas con capiteles en forma de papiros y las dos esfinges que flanquean el altar.
Album
La influencia de la masonería en la Revolución se puede estimar a partir del número de masones presentes en los Parlamentos revolucionarios. En los Estados Generales –la asamblea convocada en 1789 por Luis XVI que dio origen al proceso revolucionario– hubo 214 masones sobre un total de 1.165 diputados, alrededor de una quinta parte.
Sin embargo, esos masones no constituyeron un grupo disciplinado y cohesionado, pues nunca votaron de manera consensuada en los grandes debates de los últimos estertores de la Francia monárquica. Un centenar de ellos –un grupo formado por una decena de clérigos, unos 40 nobles y cerca de cincuenta miembros del tercer estado– se pronunciaron constantemente en favor de las medidas revolucionarias.
Otra cincuentena de masones no se pronunciaron, mientras que el resto se declaró a favor de mantener el Antiguo Régimen y su sistema de privilegios para la nobleza y el clero. Los masones, pues, estaban divididos y no seguían una política común, y en muchos de ellos pesaba sobre todo la voluntad de defender sus intereses y privilegios.

La apertura de los Estados Generales en Versalles
Grabado coloreado que representa la apertura de los Estados Generales en Versalles, el día 5 de mayo de 1789.
Musée de Carnavalet / Histoire de Paris
Del exilio a la guillotina
Entre los masones que pertenecían a los estamentos privilegiados predominó la actitud moderada o antirrevolucionaria. Un ejemplo es el príncipe-arzobispo de Rohan-Guéménée (1734-1803), cardenal y arzobispo de Estrasburgo desde 1779, que había sido iniciado en una logia masónica del rito egipcio que se acababa de constituir en aquella ciudad alsaciana.
Diputado en los Estados Generales, se mantuvo siempre fiel al rey y al papa, pues se negó a jurar la constitución civil del clero y a votar a favor de la abolición de la monarquía. Acabó emigrando a Alemania, igual que otros masones de la alta aristocracia. En cambio, el duque de Orleans, gran maestre de la Gran Logia de Francia desde 1773, optó por la Revolución aunque acabó guillotinado.
La mayoría de masones sostuvo posiciones moderadas, como hizo el conjunto de la burguesía, por lo que muchos de ellos acabaron siendo víctimas del Terror revolucionario. Así, en París, entre el 20 de abril y el 20 de julio de 1794 fueron guillotinados 52 magistrados, de los que 27 eran masones. Por otra parte, entre los jacobinos hubo algunos masones, como Couthon y Barère, estrechos colaboradores de Robespierre.

Alegoría republicana
Alegoría republicana. Sobre estas líneas, homenaje al filósofo Jean-Jacques Rousseau, bajo cuyo retrato aparece un ojo divino masónico. 1794. Museo Carnavalet, París.
Aurimages
Aunque la cultura masónica aportó a la Revolución numerosos símbolos, como el ojo encerrado en un triángulo que presidía la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, las asociaciones masónicas fueron vistas con recelo e incluso prohibidas por el poder revolucionario.
A partir de 1791, la masonería quedó en suspenso, sin apenas actividad en las logias, excepto en las que se formaron con una orientación republicana. La recuperación llegó tras el final del Terror. Así, en 1799, Napoleón Bonaparte nombró a 24 mariscales del Imperio, 17 de los cuales eran masones.

El final de la monarquía
El final de la monarquía. Tras guillotinar al rey Luis XVI el 21 de enero de 1793, el verdugo muestra su cabeza al pueblo reunido en la plaza de la Revolución. Grabado de la época.
Musée Carnavalet / Histoire de Paris
En suma, a la pregunta de si los masones prepararon colectivamente la Revolución puede responderse que la masonería apenas ejerció influencia en el desarrollo del proceso revolucionario. Fue más bien la Revolución la que acabó transformando profundamente la institución masónica, que en el siglo XIX se convirtió en un fenómeno muy diferente a lo que había sido durante la época de la Ilustración.
Este artículo pertenece al número 256 de la revista Historia National Geographic.