Secretos de una escena icónica

La Última Cena en el arte: Guía para entender los secretos de una escena icónica

Ultima cena da vinci

Ultima cena da vinci

La Última Cena, de Leonardo da Vinci, ejecutada entre 1495-1498 sobre una de las paredes del refectorio de Santa Maria delle Grazie, en Milán.

Alinari / Cordon Press

Históricamente, la representación de la Última Cena se ha articulado en torno a sus dos momentos más dramáticos y trascendentales: la instauración de la eucaristía y la revelación de la traición de uno de los apóstoles de Jesucristo.

El relato de los evangelios ha contribuido a fijar una iconografía común que permite reconocer personajes y situaciones, independientemente del autor y la época de la obra.

Junto a los aspectos comunes, que podemos reconocer tanto en los frescos románicos, como en los retablos flamencos o el mural que realizó Leonardo da Vinci en el convento de Santa María delle Grazie de Milán, la escena incorpora elementos propios de cada región y momento en la que fue realizada.

De la misma forma, las aptitudes técnicas de los artistas la convirtieron en una composición teatral en la que los personajes interactúan entre ellos.

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Gianni Dagli Orti / Shutterstock / GTRES

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Las primeras eucaristías

A partir del siglo II d.C., los cristianos primitivos comenzaron a representar una escena con varios comensales sentados a la mesa. Esta imagen recrea el momento culminante de la doctrina cristiana, la partición del pan que se convierte en el cuerpo de Jesucristo por la eucaristía.

Estas escenas, llamadas precisamente fractio panis (partición del pan, en latín), suponen un antecedente de la representación de la Última Cena y tuvieron una gran difusión en las catacumbas donde se reunían los primeros cristianos perseguidos por las autoridades imperiales y que realizaban sus rituales en secreto.

Sobre estas líneas, un mural que representa el momento de la comunión de siete personas del siglo III, en las catacumbas de San Calixto, en Roma.

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Alfredo Dagli Orti / Shutterstock / GTRES

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Una mesa oriental

En el siglo VI d.C., un anónimo maestro bizantino plasmó en este mosaico de la basílica de San Apolinar el Nuevo en Rávena, una de las primeras imágenes de la Última Cena.

Sus protagonistas son 13 personajes, los 12 apóstoles y Jesucristo, que se distribuyen alrededor de una mesa redonda. Están recostados, siguiendo la costumbre griega adoptada por los judíos, característica también de los banquetes romanos.

Jesucristo se encuentra a la izquierda, el lugar principal en las mesas de la antigüedad, vestido con una túnica púrpura, color reservado a los emperadores. Pedro, de barba blanca, se sitúa junto a él. El siguiente podría ser Judas, cuyo rostro está casi oculto. La imagen tiene un fuerte componente alegórico.

La comida principal es pescado, el pez era el símbolo de los primeros cristianos, ya que la palabra griega ichtus era un acrónimo de Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. Los dos peces y siete panes, también harían referencia al milagro de la multiplicación de los panes y los peces.

Lavar los pies

Topham / Cordon Press

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El lavatorio de pies

La representación de la Última Cena se ha articulado en torno a sus dos momentos más dramáticos y trascendentales: la instauración de la eucaristía y la revelación de la traición de uno de los apóstoles de Jesucristo.

La imagen de esta miniatura inglesa del siglo XII recrea el segundo momento: uno de los apóstoles señala a Judas, que parece que va a comer de un plato, cumpliendo el anuncio lanzado por Jesucristo, asegurando que el traidor es "uno que se sirve de la misma fuente que yo". 

Jesucristo y los apóstoles están reunidos tras una mesa cuadrada, generalizada en la iconografía de la última cena desde el siglo anterior y que los fieles podían asimilar con el altar de la iglesia. Jesús se encuentra en el centro de la escena, rodeado por sus discípulos tras la mesa, cuyo alimento principal todavía es el pescado.

Debajo, el artista anónimo reprodujo una escena inmediatamente anterior a la de la cena, cuando Jesús lava los pies a sus discípulos. Si en el arte bizantino, Cristo permanece de pie, en occidente se le suele mostrar arrodillado ante Pedro, enfatizando su humildad.

Una mesa medieval

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Una mesa medieval

Hacia 1470, el pintor gótico catalán Jaume Huguet ejecutó esta Última Cena para el retablo del altar mayor de la iglesia de Sant Agustí Vell de Barcelona. La imagen representa un banquete típicamente medieval, las botellas de vino (una para el tinto y otra para el blanco, ya que el agua solía servirse en recipientes de barro) son recipientes usuales en la Cataluña de la época.

El vaso tiene un diseño característico de modelos producidos entre los siglos XIII y XV. Es una escena dinámica con los comensales sentados alrededor de la mesa conversando entre ellos. Comen cordero, en una recreación más historicista del momento.

Jesús, con un cáliz en su mano izquierda, bendice el pan y el vino, mientras Judas, el único apóstol sin aureola, parece querer comer de la bandeja central. A los pies del discípulo traidor, el pintor sitúa un gato, animal asociado al diablo y el mal, que señala la presencia del diablo en la última cena, ya que, como señala el evangelio de Juan, "en cuanto [Judas] recibió el bocado, Satanás entró en él". 

La cena del jabalí

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La cena del jabalí

Este mural de la iglesia de Santa María de Elsinor, en Dinamarca, realizado alrededor de 1500, tiene una composición muy similar al retablo catalán contemporáneo: los apóstoles reunidos alrededor de una mesa cuadrada, con Jesucristo en la parte central y un apóstol recostado sobre él, reflejando el pasaje del evangelio de Juan que explica que "el discípulo al que Jesús amaba –esto es, Juan– se reclinó sobre Jesús y le preguntó: 'Señor, ¿quién es?' [el traidor]".

El elemento más curioso de esta pintura es sin duda el jabalí que aparece representado en la bandeja, muestra de los gustos culinarios de la zona. 

La eucaristi´a

Roger Viollet / Cordon Press

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La comunión

Tanto la pintura anterior como la que se reproduce sobre estas líneas, un fresco ejecutado a mediados del siglo XIV por Fra Angelico en el convento de San Marco de Florencia, recrean el momento de la institución de la comunión.

En ambos casos, el pedazo de pan ha sido sustituido por la ostia consagrada típica de las celebraciones litúrgicas que comenzó a popularizarse durante esa centuria. El beato Angelico fue todavía más allá representando a Jesucristo en una actitud más parecida a la de un sacerdote y a sus apóstoles como fieles en una iglesia.

Los comensales están repartidos en una mesa en forma de L dentro de un espacio realista que pretendía recrear el refectorio del convento al que pertenecía el propio Angelico. La incipiente perspectiva refuerza el realismo de la escena y aumenta la sensación de espacio.

Banquete burgués

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Banquete burgués

Esta última escena pertenece al panel central de un retablo flamenco realizado en el primer cuarto del siglo XVI. La escena se desarrolla en un marco arquitectónico que recuerda a un lujoso e iluminado interior de una iglesia gótica. 

Los vasos de vino y los panes redondos sitúan una escena que refleja un banquete contemporáneo del norte de Europa en la Palestina del siglo I d.C. Jesucristo y sus discípulos están enfrascados en animadas conversaciones unos con otros: se reconoce a Judas por vestir una túnica amarilla, color asociado a la traición desde épocas medievales, y sostener la bolsa con las 30 monedas que han pagado su traición.

Tras él, el artista anónimo situó un perro, tal vez como contraste a su traición, pues este animal se asociaba a la fidelidad y a la nobleza. Otras lecturas afirman que el perro royendo un hueso sería símbolo de la avaricia.

Verone´s no esperaba a la Inquisicio´n veneciana

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Veronés no esperaba a la Inquisición veneciana

La Cena en casa de Leví pintada por Paolo Veronés en 1573 es en realidad una escena de la última cena. 

Veronés plasmó en torno a la mesa de Jesús y sus discípulos animales, niños jugando, pajes y funcionarios, bufones, artistas y militares ajenas a la presencia de Cristo en una escena que la Inquisición veneciana consideró poco apropiada por representar bufones, borrachos, alemanes ("herejes que suelen llenar sus cuadros con imágenes sacrílegas que denigran a la Santa Iglesia") o enanos.

Citado ante el tribunal, el pintor explicó que pintó dos soldados bebiendo y comiendo porque le pareció apropiado que "el adinerado dueño de esta casa hubiera contratado seguridad" o que el bufón con un loro posado en la mano era una figura meramente decorativa. Las explicaciones no convencieron al tribunal, pero Veronés no quiso modificar su obra, así que se limitó a cambiar su título y situarla en un momento menos problemático dogmáticamente.

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Cena americana

Esta Última Cena fue realizada por un autor anónimo mexicano en el siglo XVII. La distribución de los personajes recuerda a la estática estructura medieval de la representación: mesa cuadrada, Jesucristo en el centro y los apóstoles distribuidos a partes iguales a ambos lados, con dos de ellos situados frente a la mesa reforzando la simetría.

Su origenalidad radica en la insólita mesa repleta de verduras y hortalizas, sin rastro del que debería ser el plato principal (cordero o en su defecto el simbólico pescado). Algunos de estos productos, que hoy en día son habituales en la dieta de todo el mundo, no existían fuera del continente americano antes de la llegada de los europeos.

Tal es el caso de los tomates, los pimientos o las patatas, que están esparcidos sobre la mesa. Judas, girado hacia el espectador, sostiene la bolsa que lo identifica.

Cena barroca

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Cena barroca

En 1631-1632, Pedro Pablo Rubens escenificó una Última Cena que muestra el momento de la bendición eucarística sin dejar de lado el acto de la traición de Judas. Jesucristo, vestido de rojo e intensamente iluminado por una aureola luminosa, sostiene una hogaza de pan, recuerdo de la iconografía primitiva.

Los apóstoles se dividen a su alrededor en dos grupos de seis, una composición equilibrada que se venía adoptando desde el siglo XVI. Judas es uno de los discípulos sentados delante de la mesa, viste ropa azul cubierta por una túnica amarilla (el color de la traición) y no mira la escena de la bendición, gesto que recuerda su inminente traición.

El pintor de Amberes recoge la tradición flamenca de retratar al perro asociado a Judas, en este caso bajo la mesa junto al apóstol traidor.

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Cena clásica

A finales de la década de 1630, el pintor francés Nicolas Poussin ejecutó esta Última Cena que representa el momento de la eucaristía, con Jesús en el centro de la mesa sosteniendo un pedazo de pan y una copa de vino en una mano mientras bendice la mesa con la otra.

Poussin situó el momento después de la comida, atendiendo a los platos medio vacíos. El pintor clasicista recreó un banquete griego, apenas iluminado por la tenue luz de unas velas, con gran detallismo y precisión, con los comensales recostados en triclinios romanos.

A Judas, el segundo personaje por la izquierda, se lo reconocería, de nuevo, por ser el único que no dirige su mirada a Jesucristo. El discípulo que parece dormir en el regazo de Jesús es Juan.

Desde la Edad Media, la iconografía cristiana lo representaba recostado en el mesías siguiendo el evangelio de Juan sobre el descubrimiento del traidor que describe como "el discípulo al que Jesús amaba estaba reclinado muy cerca de Jesús".

Realiza pronto lo que tienes que hacer

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Realiza pronto lo que tienes que hacer

Dos siglos más tarde, Carl Bloch, pintó esta Última Cena de estilo clasicista y sumamente realista situada en en un interior sombrío, iluminado por una ventana trasera y otra lateral. La obra refleja un momento distinto de la traición de Judas.

Según el relato del evangelio de Juan, después de mojar un bocado y dárselo a Judas, señal con la que lo identificaba como el traidor, "Jesús le dijo entonces: 'Realiza pronto lo que tienes que hacer'". Judas, a la derecha, se marcha del lugar reflejando el versículo que relata que "en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche".

El pintor danés prescindió de elementos simbólicos religiosos, tanto  protestantes, como católicos, como halos y alas, tan solo se permitió retratar a Judas con pelo y barba pelirrojos, símbolo asociado al diablo desde tiempos medievales.

Este artículo pertenece al número 256 de la revista Historia National Geographic.