La minería ha sido durante mucho tiempo un pilar fundamental en la industria de España; ha proporcionado –y proporciona– desarrollo económico y empleo a las comunidades con fuentes ricas en hierro, carbón y otros recursos minerales. Sin embargo, como ocurre con muchas industrias extractivas, la minería acarrea riesgos significativos. Cinco personas han fallecido y otras cuatro han resultado heridas de consideración en el que ya es el mayor accidente minero de Asturias en tres décadas pero, a lo largo de la historia de España han ocurrido otros trágicos accidentes que se han cobrado cientos de vidas, poniendo de manifiesto los peligros a los que se enfrentan los trabajadores de las minas que realizan sus funciones bajo tierra. Repasamos algunos de los peores accidentes mineros en España:
1904: el accidente más mortífero de la historia de España
Nos remontamos a principios del siglo XX cuando una catástrofe en las Minas de la Reunión en Villanueva del Río (Sevilla) acabó en una escena devastadora. Fue el 28 de abril de 1904 cuando una chispa prendió fuego al gas acumulado en las galerías subterráneas, con la terrible consecuencia de una potente explosión y el posterior derrumbe de la mina de carbón andaluza. Las labores de rescate no fueron nada fáciles y, de hecho, los especialistas tardaron aproximadamente una semana en recuperar a todas las víctimas. 63 mineros perdieron la vida en ese accidente.
1923: desastre en la mina Baltasara
La explosión en la mina Baltasara de Mieres, Asturias, recuerda al reciente accidente en la mina de Cerredo. Una explosión de grisú, el gas que se encuentra en las minas de carbón y que es altamente inflamable, se cobró la vida de 15 mineros. Este gas, compuesto principalmente por metano (en mas de un 90%), se acumula con frecuencia en las vetas de carbón y puede inflamarse al contacto con una simple chispa o una llama abierta.

casco minero
El grisú es el principal enemigo del sector minero.
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1941: minas de Barruelo de Santullán (Palencia)
De nuevo, otra explosión de grisú mató a 18 mineros, lo que recordó que la ventilación insuficiente, sumada a las medidas de seguridad ya obsoletas, estaban poniendo a los trabajadores en situaciones extremas mientras trataban de hacer su trabajo.
1944: minas de Pozo Clara (Saldes, Barcelona)
En este caso, una explosión sepultó a 34 trabajadores, en uno de los peores accidentes de Cataluña.
1949: pozo María Luisa (Ciaño, Asturias)
En el año 49 perdieron la vida hasta 17 mineros que perecieron debido a otra explosión a causa del grisú.
1959: Minas de la Reunión (Andalucía)
La década de 1950 y 1960 tampoco se salvó sin nuevos y dramáticos incidentes. En estas minas andaluzas una explosión de grisú causó 16 muertes, vinculando trágicamente a esta misma empresa minera con múltiples desastres a gran escala.
1963: pozo Santa Eulalia (Langreo, Asturias)
Los accidentes se repiten. Una explosión masiva de gas y escombros dejó 21 muertos. Lo único positivo a destacar de tanta tragedia tan continua, fue que Asturias impulsó mejoras en los protocolos de seguridad; aunque ya se habían perdido numerosas vidas por el camino.
1967: pozo Santo Tomás (Andalucía)
Once mineros murieron cuando el ascensor de la mina falló, desplomando a los trabajadores que iban en él. Por si este suceso no hubiera sido suficiente, ese mismo año, seis más perdieron la vida en el Pozo San Vicente (también en Andalucía) y otros tres en el Pozo nº 4 (Cataluña).
1975: Figols (Barcelona)
Pero es en la década de los 70 cuando se producen, probablemente, los eventos más devastadores asociados a la minería: en 1975 una explosión de grisú cobró la vida de 30 mineros.
1979: Caboalles de Abajo (León)
Diez mineros murieron en otra explosión de gas, poniendo sobre la mesa la realidad de la insuficiencia de medidas de protección y la mala ventilación de estos entornos.
1995: pozo San Nicolás (Mieres, Asturias)
Aunque el siglo XX trajo importantes mejoras en la tecnología y la seguridad de las minas, los accidentes graves seguían produciéndose. En esta mina de Asturias, hasta catorce trabajadores murieron en un día que sigue grabado en la memoria de los asturianos.
2013: pozo Emilio del Valle (Santa Lucía, León)
Aunque menos frecuentes, en el siglo XXI también encontramos accidentes destacables. En 2013 un escape repentino de gas causó la muerte de seis mineros, lo que demuestra que, incluso con la normativa moderna, persisten las amenazas letales.
La tragedia de Cerredo (Degaña, Asturias) ha recalcado, una vez más que, a pesar de las reiteradas peticiones de controles más estrictos, la industria sigue estando llena de peligros para sus trabajadores.
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