- Política El "ataque de Trump" logra acercar a PSOE y PP: puerta abierta a pactar incluyendo a las comunidades autónomas
- Guerra arancelaria China contraataca a Trump con aranceles adicionales del 34% a todos los productos estadounidenses desde la semana que viene
Estaba previsto desde hace tiempo, pero ahora cobra otra dimensión. Gana relevancia e importancia. Pedro Sánchez viaja la próxima semana a China, en su tercera visita en los últimos tres años, en medio de la guerra comercial impulsada por Donald Trump tras su decisión de imponer aranceles masivos. Una visita en la que el presidente del Gobierno se reunirá y mantendrá un almuerzo con el presidente chino, Xi Jinping. El viaje, que también incluye parada en Vietnam, presenta una clara vertiente económica y, según fuentes del Gobierno, se ha coordinado y trabajado con la Comisión Europea.
A La Moncloa no se le escapa que el viaje de Sánchez adquiere relevancia e importancia tras el bing bang arancelario desatado por el presidente de EEUU. A lo que se suma que China respondió ayer anunciando aranceles adicionales del 34% a todos los productos estadounidenses desde la semana que viene.
Esta minigira asiática tiene el objetivo, explican desde el Gobierno, de reforzar las relaciones bilaterales con Vietnam y China en un contexto, reconocen, marcado por la política arancelaria de EEUU. Además de ahondar en la estrategia que defiende Sánchez de reforzar los lazos con Asia -de ahí el que se haya viajado tres veces en tres años a China, o se haya visitado la India, entre otros países- y de su apuesta por ampliar la relación comercial de España y de la UE con otros bloques comerciales. Sánchez tiene la convicción de que para que nuestro continente, y nuestro país, gocen de una autonomía estratégica abierta es preciso diversificar las inversiones. Y en esta hoja de ruta adquiere gran importancia China.
Se trata de un viaje bilateral para reforzar las relaciones políticas y comerciales entre ambos países, pero el Gobierno ha trabajado y ha mantenido una coordinación con la UE. Eso no quiere decir, matizan fuentes gubernamentales, que Sánchez vaya a hablar por boca de Europa, pero sí que hay unas posiciones y planteamientos comunes. Precisamente acaba de volver de China el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, que tras reunirse con el viceprimer ministro chino, He Lifeng, lanzó el mismo mensaje que lleva Sánchez para España: "Necesitamos reequilibrar de manera tangible nuestras relaciones comerciales y de inversiones".
La pretensión del Gobierno con esta intensificación de la relación con China, pese a que en La Moncloa defiendan que no se trata de sustituir a EEUU, es paliar el importante desequilibrio comercial, abrir el mercado chino a más exportaciones de empresas españolas, para tratar de avanzar en el reequilibrio. Según datos oficiales, en 2024 las importaciones españolas desde China sumaron 45.174 millones de euros, mientras que las exportaciones españolas sólo alcanzaron los 7.467 millones. Es decir, una tasa de cobertura de sólo el 16,5%.
Sánchez ha adquirido el rol de interlocutor privilegiado con China. En tres años, tres reuniones con Xi Jinping. Pero esa apuesta por trazar una relación privilegiada con el gigante asiático encierra riesgos y equilibrios. Bruselas advierte sobre esa relación. La "perspectiva estratégica UE-China" de 2019, elaborada por la Comisión Europea, define al gigante asiático así: "Es simultáneamente un socio cooperador con el que la UE ha aproximado objetivos, un socio negociador con el que la UE necesita encontrar un equilibrio de intereses, un competidor económico en la consecución del liderazgo tecnológico y un rival sistémico en la promoción de modelos alternativos de gobernanza".
En el Libro blanco de la Defensa de la UE, publicado recientemente, también se aborda la relación en esa doble vertiente, de necesidad y a la vez alerta. Se define a China como "socio comercial clave para la UE", pero se advierte contra el "papel de estados autoritarios, como China, que buscan afirmar su autoridad y control en nuestra economía y sociedad".